El precio del amor verdadero
- Levtoda

- 1 may 2025
- 1 Min. de lectura

A veces olvidamos lo que realmente costó nuestra libertad. No fue una palabra mágica ni un acto simbólico. Fue una cruz. Fue dolor real. Fue sangre derramada. Fue Jesús, el justo, tomando el lugar de los injustos… de nosotros.
Él no tenía pecado. No le correspondía la culpa ni la cruz. Pero decidió cargar con todo por amor. Para que tú y yo, rotos, culpables, perdidos… pudiéramos volver a casa. Pudieras mirar al cielo y saber que hay un lugar para ti.
Cristo no murió solo para salvarte del pecado. Murió para acercarte a Dios. Para que puedas conocerlo, hablarle, sentirte abrazado por Su presencia.
Y aunque Su cuerpo fue quebrado, el Espíritu lo levantó. Porque el amor de Dios no termina en la cruz. Resucita. Restaura. Redime.
Hoy, cuando pienses en tu valor, recuerda esto:
Alguien perfecto prefirió morir antes que vivir sin ti.




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